sábado, 1 de noviembre de 2014

LaS FamiliaS

La convocatoria de un Sínodo de los Obispos para enfrentar los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización causó distintas reacciones en nuestras comunidades. A mi entender eso no sólo es lógico sino que también es bueno ya que no somos una secta que tiene un pensamiento uniforme sino una ecclesia en donde la diversidad confluye en la unidad por el amor que “es paciente y servicial; no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” (1 Cor 13,4-7).

Para estar en sintonía con este acontecimiento, hemos pedido a quienes con generosidad vienen escribiendo en Diálogo y a algunas personas que comienzan ahora a hacer sus aportes que se centraran en el tema “laS familiaS”. Así, en plural, ya que entiendo que no existe “la familia” sino múltiples realidades que pueden considerarse familiaS.

Que yo sepa en la Biblia no hay una definición de familia sino innumerables referencias a familiaS concretas y gran cantidad de citas acerca de las frágiles relaciones que se dan entre sus miembros. Quienes quieran sacar una conclusión (en latín concludere es cerrar) definitiva acerca de la familia es mejor que no acudan a la Biblia para evitar caer en el “biblicismo” que hace decir al texto lo que uno quiere que diga. Pero quienes buscamos redescubrir la obra salvífica de Dios en la pobre historia humana encontraremos en la Biblia cientos de historias y de enseñanzas que nos darán aliento para seguir construyendo nuestras familiaS.

Me gusta leer las genealogías de Jesús que dan cuenta de esa cadena familiar que desemboca en el Salvador. Mateo rompe el férreo patriarcalismo imperante en la época introduciendo el nombre de cinco mujeres, algunas de ellas con comportamientos que nos escandalizan y que la misma Biblia ofrece al lector que busca en el Antiguo Testamento. Lucas se remonta al mismísimo Adán que fue hecho de barro y no de estrellas. Espero que nuestros nombres se inscriban humildemente es esas cadenas para que seamos parte de la gran familia de Jesús.

Por Gerardo García Helder
direccion@dialogo.com.ar

Confianza

Facundo era un muchachito sumamente prudente. Tenía poco más de catorce años y ya había aprendido a ser responsable con sus cosas y con las de los demás. En su conducta era muy fiel a sus convicciones. Antes de tomar una decisión, evaluaba todas las posibilidades. Por ejemplo, si no había podido leer la fecha de vencimiento de algún producto que compraba su mamá en el supermercado, prefería no comerlo. Facundo no quería correr riesgos.

Así era en todo. Prudente al extremo. Y ni hablemos si tenía que elegir un amigo. Antes de confiar en él, lo pensaba varias veces, averiguando lo más posible acerca de sus gustos, de su comportamiento en los juegos e incluso de su familia.

Uno de los problemas de tener esa forma de ser era que todo le insumía el doble de tiempo que a cualquiera. Y otro de los problemas era que, en muchos casos, las situaciones más simples y sencillas se convertían en una verdadera complicación.

Una tarea que un compañero la realizaba en media hora, a él le llevaba una, porque primero la hacía en borrador, luego se la daba a su mamá o a su papá para que la corrigiera, después la pasaba en limpio y se la volvía a entregar a su mamá o a su papá para que le dieran un último vistazo.

No quería sacarse una mala nota por una falta de atención que hubiera sido evitable. Sus padres y amigos querían mucho a Facundo porque era incapaz de hacerle mal a alguien, aunque a veces los cansaba con esa forma de actuar y el interminable listado de preguntas que hacía para cada tema.

Si quería jugar a un juego nuevo, sabían que alguien tenía que dejarle las instrucciones o el reglamento en su casa el día anterior para que los leyera.

Cierta vez, un domingo por la mañana el papá colocó sobre la mesa dos cajas: una de madera y otra de vidrio transparente. En la de vidrio, puso los caramelos que más le gustaban a su hijo.

En la otra, no se veía lo que había porque era opaca. Llamó a Facundo y le dijo que podía elegir una de las dos cajas para quedársela. Era un regalo.

Eso sí, tenía que elegir sólo mirándolas; no podía tomarlas en sus manos y, por lo tanto no podía pesarlas, ni agitarlas, ni… nada. Se las mostró a Facundo y le pidió que eligiera una respetando la consigna dada y sin hacer preguntas.

Parecía fácil pero, por la cabeza de Facundo pasaban innumerables posibilidades. ¿Qué contenía la caja de madera? Su papá, que lo quería mucho, no podía poner algo feo en ella. Pero en la otra sí sabía lo que había.

Era algo seguro y además le gustaban mucho esos caramelos. Después de un largo rato de meditar, se decidió. Sin embargo, parecía que la mano no le respondía, porque tardó una enormidad de tiempo en tomar la caja de madera.

Cuando la abrió, vio que dentro había una copia de las llaves de su casa. De inmediato le dio un abrazo a su papá, porque hacía mucho que se las había pedido.
–¿Por qué elegiste esa caja, si no sabías que tenía dentro?

–Porque no puedo esperar nada malo de vos y entonces me di cuenta de que es bueno ser prudente, pero tenemos que confiar en los demás, si sabemos que es alguien que nos quiere. En ese caso, es importante saber confiar aunque no tengamos todas las seguridades. Me parece que, en varias oportunidades, me perdí de muchas cosas mejores de las que conseguí y eso fue por no arriesgarme.

–Ahora que te escucho decir esto -dijo el papá- estoy seguro de que ya era hora que tuvieras las llaves de casa.

Para reflexionar después de leer el relato
Mucho se ha dicho acerca de lo que mantiene unida a la familia. Sin querer dar recetas, porque no existen, y cada familia construye su identidad, hoy les propongo reflexionar acerca de un aspecto que es fundamental y que lamentablemente veo que los padres no lo provocan entre los hijos. Utilizo la palabra “provocar”, porque hay cosas que no surgen espontáneamente, sino que son el fruto de un trabajo o de una convicción profunda que se lleva a la práctica en acciones concretas. 

Me refiero en este caso a la confianza entre los miembros de la familia. Recuerdo, cuando niña, dejar mis diarios íntimos sobre mi escritorio y no se me pasaba por la cabeza que alguno de mis hermanos o mis padres lo iban a abrir y menos a leer. Sobre mi escritorio las cosas quedaban cómo las dejaba. Mi madre ni siquiera me abría la mochila, en ese tiempo la valija, para ver mis cuadernos sin que yo lo supiera. Recuerdo que lo primero que me preguntaba cuando salía del colegio era cómo me había ido y si tenía tarea. Confiaba en mi palabra.

Para ser sincera, muchas veces creía que la engañaba y jugaba toda la tarde. Mis padres no necesitaban que un docente pusiera en un cuaderno de comunicados las notas que me sacaba, yo se las decía y si no lo hacía yo misma me perjudicaba, porque no me podían ayudarme en caso de dificultad. Sin embargo, ahora grande, madre, abuela, docente, sigo apostando a la confianza. Esa confianza que mi madre me tenía y que yo tengo por mis hijos, nietos, alumnos, lejos de ser inconciencia, ayuda al otro a crecer, a hacerse responsable de sus acciones, a sentirse querido, respetado. A la larga, da frutos. 

La confianza no asegura una vida cómoda, sin problemas, sin fracasos. Pero, que los hijos confíen unos en los otros, que los padres confiemos en nuestros hijos, aunque se puedan equivocar, es uno de los factores que hacen crecer el amor entre los miembros de la familia. Ojalá que como padres podamos hacer sentir a nuestros hijos que les tenemos confianza y, que a la vez, puedan sentir confianza entre ellos. Es uno de los más grandes regalos que les podemos dejar.

Por Juan CarlosPisano y María Inés Casalá
inescasala@gmail.com

En familia: el desafío de mantenerse unidos

“Para llevar adelante una familia es necesario usar tres palabras: permiso, gracias, y perdón.” (Papa Francisco)
A lo largo de mi vida he conocido muchas familias. Realidades distintas y mundos distintos. Comprobé que las familias más unidas y en las que se respiraba “un buen aire”, eran aquellas en las que el diálogo era primordial. Se decían todo con sinceridad, con franqueza y hasta con dureza a veces, pero navegando siempre juntos entre momentos buenos y malos. 

El diálogo es algo fundamental, y la capacidad de hablar es inherente al ser humano. Hablando se entiende la gente y también la familia. Transmitir a nuestros seres queridos lo que pensamos y sentimos, nos ayudará a sentirnos sostenidos en los momentos más difíciles. La familia debe ser el sostén esencial porque en ella están todas las respuestas a nuestros interrogantes, porque es allí de dónde venimos y en dónde escribimos nuestra historia.

Todos soñamos con una familia ideal, pero es bueno aceptar la realidad que nos toca y construir desde allí. Sea cual sea la realidad familiar no podrá funcionar sin diálogo, que por supuesto estará basado en el amor y el respeto mutuo. Todos los integrantes de la familia deben asegurar y buscar la buena convivencia y la felicidad común. Con estas cosas en claro, nada los detendrá. 

Todo cambia todo el tiempo, incluso la familia y cada uno de sus integrantes. El desafío es mantenernos unidos y que la familia sea lo primero, a pesar de todo. Será un barco que navegue contra vientos y tormentas, superando los obstáculos en un mundo lleno de cosas que destruyen, lleno de individualismo, lleno de tecnología creada para conectar pero que individualiza cada vez más y aleja del diálogo verdadero.

Todo se puede construir a base de diálogo para mejorar y crecer, compartiendo lo que nos pasa, día tras día. Porque todos, en definitiva, queremos una buena familia y estar orgullosos de ella. 

Las Familias en la pastoral de la misericordia


La importancia de la familia

El matrimonio es el fundamento de la familia y un bien que tiene su origen en la Creación y hunde sus raíces en la naturaleza humana. La fidelidad, bondad, benevolencia, ternura y perdón de Dios son un ejemplo de lo que debe ser la amorosa fidelidad de los esposos. Es indiscutible que la Biblia es la tradición cultural que más ha contribuido a hacer progresar la comprensión de la unión conyugal como lazo de amor, al presentarnos con frecuencia parejas profundamente unidas, y al ir poco a poco corrigiendo las lacras de la institución familiar de aquellas épocas, aunque por supuesto hay que esperar hasta Jesucristo la revelación de la plenitud de la voluntad divina sobre el matrimonio y la familia, desvelándonos en su predicación y obras el plan de Dios.

Con Cristo el matrimonio alcanza una nueva dimensión, al ser constituido como sacramento, es decir como uno de los lugares privilegiados de encuentro entre Dios y los hombres. La diferencia fundamental entre un matrimonio civil y el matrimonio cristiano está en la presencia divina que lo santifica. Es en el sacramento donde la relación sexual alcanza su plenitud moral, religiosa y espiritual y donde los valores humanos no son excluidos, sino realzados. 

Pero no olvidemos no sólo que “Dios es amor” (1Jn 4,8.16), sino que “el amor procede de Dios” (1Jn 4,7). Por ello sólo desde la fe es posible la visión integral del amor, del matrimonio y de la familia. Ahora bien, el amor entre los esposos tiende por su propia naturaleza a dar fruto en los hijos. La doctrina católica afirma que la fecundidad es un don de Dios y que el amor de la pareja tiende a ser fructífero con la apertura a las nuevas vidas. El niño no nace de dos individuos, sino de su unión y en ese fruto la pareja se une en una permanente tarea creadora y educadora, con la misión de ayudar a sus hijos a que lleguen a ser personas maduras y de fe que vivan los valores humanos y cristianos. 

A pesar de los ataques que sufre, la familia es una entidad con futuro, porque la comunidad humana es algo más que una sociedad animal. La familia es a la vez un compromiso público, un ideal moral y una institución social. La familia es la base de la sociedad y la mejor estructura para asegurar a los seres humanos la estabilidad y el confort afectivo y psicológico necesario para su desarrollo. Si la familia anda bien, la sociedad anda bien y las personas tienen más probabilidades de realizarse.

La familia está íntimamente ligada a la felicidad humana, porque es el ámbito privilegiado para hacer crecer todas las potencialidades personales y sociales que el hombre lleva inscritas en él. Es ella la que mejor responde a problemas sociales tan angustiosos como el paro o las adicciones, por lo que es sumamente beneficiosa para la sociedad y para el Estado. Protege a sus miembros en cualquier situación y edad, especialmente a los más débiles, como pueden ser los enfermos, discapacitados o ancianos.

El gran don del matrimonio cristiano es permitir que Jesús y María puedan actuar en la vida familiar de todos nosotros. Por ello, aunque es verdad que muchas personas, entre ellos bastantes niños, viven en familias desgraciadas e inestables, pienso no sólo que la familia es indestructible, sino que además hemos de pedir que florezcan muy abundantes familias auténticamente cristianas. Pero para ello no nos olvidemos del refrán “a Dios rogando y con el mazo dando”.

Las familias de nuestros catequizados

Hoy más que nunca estamos invitados a la acogida cordial de las familias en nuestras catequesis. Una misión que pone en marcha la misericordia, actitud a la que nos invita Jesús y, en estos días, el Papa Francisco.

El catequista está llamado a sensibilizarse para hacer resonar la Palabra de Dios en los grupos familiares de nuestros chicos y jóvenes, extendiendo así una mesa fraterna donde nadie se sienta excluido, sino convocado por el amigo Jesús y su comunidad, sin prejuicios ni etiquetas.

Los otros días realizamos una celebración con los niños de primer año de la Iniciación Cristiana junto a sus familiares. La misma marcó un momento importante del itinerario: luego de ver los grandes personajes del Antiguo Testamento dio paso a la persona de Jesús. 

Recibimos a los familiares con cariño, les entregamos el cancionero, mientras sonaba una música de fondo. Nos ubicamos de manera que todos estuvieran cerca del altar, en semicírculo. Por supuesto también estaban los hermanitos más chicos. 

Se hizo la proclamación de la Palabra: el encuentro de Jesús con Zaqueo (Lc 19,1-10). Luego pedimos que espontáneamente respondieran a la pregunta: ¿Cómo y cuándo tenemos un encuentro con Cristo, personalmente o como familia?

Estas fueron las respuestas de algunas de las personas que participaban: 

• “Cuando tenemos un problema y nos ponemos a rezar.”
• “Cuando entramos a una iglesia, luego de mucho tiempo de no frecuentarla.”
• “Cuando le pedimos a Dios que no nos falte la salud y el trabajo.”
• “Cuando ayudamos a otros.”
• “Nos cuesta tener un encuentro con Jesús.”
• “No he tomado la Comunión y quiero que lo haga mi hijo.”
• “Soy mamá soltera, y no tengo mucho tiempo para pensar y rezar.” 
• “Me gustaría conocer más la Biblia.” 
• “Los problemas familiares no me dejan tiempo para Dios.” 
• “Cuando me entregaron la Nueva Alianza.”
Fuimos así acogiendo la vida y sin dar recetas ni consejos animamos a seguir caminando; porque como ellos mismos expresaron: 
• “La vida de familia es el espacio donde Jesús quiere que nos encontremos con Él.”
• “Cada día que me levanto para trabajar y luchar por los míos es un regalo que Dios me da y la oportunidad para vivir el amor.” 
• “Hay que aprovechar la catequesis de nuestros hijos porque el Señor, a través de ellos, sigue golpeando nuestra puerta para que le abramos.” 
• “Hay momentos lindos para vivir juntos como por ejemplo bendecir la mesa antes de las comidas o bendecirnos mutuamente entre padres e hijos, al entrar o salir de casa.”
• “Nos ayuda mucho perdonarnos los errores.”

Entregamos entonces una estampa de Jesús a cada uno y los invitamos a contemplarla en silencio, a conversar con Él desde el corazón. Una suave melodía acompañaba el momento. Cada uno besó al Señor en la estampita. Y fuimos testigos de emociones y lágrimas. 

Un abrazo fuerte selló el final de la celebración y surgieron varios “gracias” sinceros de parte de los adultos, por haber tenido un tiempito tranquilo donde pudieron rezar.

por la Hna Graciela Ana Laino
(Diócesis de Mar del Plata)
corazonsacerdotal@gmail.com

¿Mamá, Papá, me escuchas?

HECHO DE VIDA: Milagros tiene 7 años. Se acerca a su mamá que está terminando de levantar la mesa, para hacerle una pregunta aparentemente insignificante:

–Mamá, ¿por qué cuando acostas a Ale te quedás un rato con ella, le cantás y le decís cosas lindas? ¡A mí no me decís cosas lindas cuando me acuesto, sólo me decís hasta mañana!

–Ay, Mili. Vos ya sos grande. Te vas a la cama sola y te dormís sin ningún problema. Mirá, si yo tuviera que ir a acostarlos a cada uno de ustedes, no terminaría más. Lo hago con Ale porque es chiquita, porque si no, no se duerme, le cuesta dormirse.

–A mí también me cuesta dormirme. A veces estoy en la cama y me quedo con los ojos abiertos durante mucho tiempo.

–¡Pero no es nada! ¡A muchos chicos les pasa eso a veces! ¿Por qué no lees? ¡Tenés esos libros tan lindos que te regaló la abuela!

–¡No me gusta leer a la noche! 

–Y ¿por qué no rezas? Tu hermano Juan, todas las noches reza una decena del rosario. ¡Está tan contento desde que le dieron el rosario en catequesis! ¿Te acordás que fuimos ese día al colegio? ¡Qué linda fue esa fiesta! A mí, cuando era chiquita, también me dieron un rosario. Fue después de mi Primera Comunión. Todavía lo debo tener por ahí. Si querés te lo puedo regalar.

–A mí no me gusta rezar. ¡Me revienta rezar! ¡No me gusta el rosario!

–¡Pero Mili! ¿Cómo decís eso? ¡Todos rezamos a la noche! ¿Cómo no vas a rezar? ¿Qué te enseñan en la catequesis? Para mí, no estás preparada para hacer tu Comunión. Voy a hablar con tu catequista…

PARA PROFUNDIZAR: ¡Pobre Mili! ¡Pobre mamá! La mamá estaba queriendo terminar con la mesa para ir a descansar. Mili le hace una pregunta inocente. Y la mamá terminó con un planteo catequístico. ¡Cómo se van incomunicando las personas! ¡Y cómo se van lastimando! La mamá estaba cansada y quería resolver pronto el problema.

Cuando Milagros le expresa su sentir: “Mamá, yo también necesito mimos, yo también necesito tu atención” ¿Qué le contesta? “Te vas a la cama sola y te dormís sin ningún problema, si yo tuviera que ir a acostarlos a cada uno de ustedes, no terminaría más”.  Saca el problema del marco en el que está realmente el problema, que no es que todos sus hijos le están pidiendo lo mismo. La que se lo está pidiendo es Mili. Claro que tiene razón en que si ella tuviera que hacer con cada uno lo mismo

 Eso es sacar la comunicación del centro interpersonal de donde en ese momento se está dialogando al traer una regla, una generalidad, que está centrado en un marco de referencia externo y ponerlo en el medio de un diálogo que está queriendo expresar sentimientos. Es una forma violenta de comunicarse, aunque no sea intencional. Alguien demanda algo que tiene que ver con necesidades afectivas, emocionales, y  esa demanda la generalizamos a todo el grupo, la comunidad, la sociedad… Pero no están pidiendo todos lo mismo. Es personal, expresa una carencia, o una falencia, o una necesidad. Concretamente, lo que le decía Mili es “quedate conmigo un ratito”.

Entonces, una forma de “incomunicarse” es sacar del centro lo que se está queriendo comunicar. Otra es tratar de resolver el problema. En este ejemplo, cuando Milagros expresa que le cuesta dormirse, la mamá intenta resolverle el problema diciéndole: “¿Por qué no lees?”. Niega la necesidad que Mili expresó, la mamá sale con una sugerencia diciéndole, eso que te pasa es por no hacer nada. Y nuevamente saca la conversación del marco interpersonal para generalizar: “¡a muchos chicos les pasa eso a veces!”.  Ante la respuesta de Mili ¡No me gusta leer a la noche!, la remata con otra sugerencia: “¿Y por qué no rezas?”.

“Tu hermano Juan, todas las noches reza una decena del rosario”. Nuevamente la comparación odiosa. Los comentarios posteriores, pienso son de una “vocecita de la culpa” que en realidad está diciendo que queremos sacarnos el problema de encima. Mili en realidad siente que no la estan escuchando y responde con rabia al no sentirse recibida.

Así se producen situaciones como centrarse en uno mismo: “Yo cuando era chiquita…”, cuando hay una persona que está queriendo expresar sus sentimientos, o una preocupación, o una necesidad. Desviar la conversación para otro lado: “¿Te acordás que fuimos ese día al colegio? ¡Qué linda fue esa fiesta!. Centrarse fuera del marco de la conversación interpersonal nos aleja del rol de la escucha.

LO CONVERSAMOS EN GRUPOS Y COMPARTIMOS:
• ¿Cómo es el diálogo que tenemos con nuestras familias y amigos?
• ¿Se parece en algo al dialogo de Mili con su mamá?
• ¿Qué tendríamos que cambiar para que haya un buen diálogo?
• ¿Qué compromiso estamos dispuestos a tomar para mejorar el diálogo con mi familia y amigos?

Texto bíblico: Lucas 6,46-49
A las familias las vamos construyendo cada día. Hoy la Palabra de Dios nos invita a tener en cuenta cómo la va-mos construyendo.
¿Dios es la roca donde apoyo mi vida familiar y mi relación de padres con los hijos?
Oramos juntos pidiendo mejorar nuestra comunicación con Dios y entre nosotros.

por la Hna. Graciela Firpo
(Diócesis de Goya)

¿La familia está en crisis?

La familia está en crisis se escucha decir. Estar en crisis significa estar en cambio, en búsqueda de sentido profundo. Y ese movimiento conlleva vibraciones, fruto del mismo cambio, de tensiones y presiones. La familia tiene como centro y fundamento la pareja y ésta las personas.

El matrimonio, siendo una unidad de personas distintas, una unidad en lo diverso, es un perfecto reflejo de algo más grande y misterioso. En el encuentro nos reflejamos, nos vemos y trasparentamos lo que somos.

Dos personas forman una pareja y unen dos tribus, dos líneas ancestrales, dos familias originales con sus códigos, reglas, costumbres y creencias. La familia es la mayor posibilidad de relaciones auténticas, es donde no se muestra una máscara, donde no se cuida la apariencia, donde uno se manifiesta tal cual es. Es eso lo que sucede en el hogar. Allí la posibilidad de descubrir las mutuas miserias es mayor, y también son mayores las posibilidades de encontrarse de verdad y con plena autenticidad.

Una primera fase de la pareja se llama enamoramiento, es un período de atracción y mucha energía pero sin verse demasiado. De a poco quizás se calma la atracción pero aumenta el verse más. La relación aumenta y es menos ciega. Una vez que se ven pueden empezar a caminar uno al lado del otro. Dejar de mirarse exclusivamente y ver hacia dónde mirar juntos. Una relación de pareja se basa en la igualdad de rango y en la sexualidad. La sexualidad funda la pareja, sin sexualidad la pareja no tiene sentido, sin sexualidad es una amistad, es una relación, es un acompañamiento.

En este camino es sumamente importante todo lo que ayude a los miembros de la familia a mirarse, a dirigirse la palabra, a tocarse, a derribar las barreras de la indiferencia para alimentar la comunión. Los hijos adquieren una creciente autonomía, pero los esposos permanecen ligados el uno al otro cada vez más.

Si no me veo, mucho menos te voy a ver. Si tengo los ojos tapados, seguro que más tarde o más temprano un tropiezo o un golpe me voy a dar. Entonces, ¿en verdad la familia está en crisis, la pareja está en crisis, o la persona está en crisis? Si no me veo no puedo ver. El acompañamiento reside en ayudar a verse, a comprender las diferencias, en reconocer la propia personalidad y saber de dónde venimos y qué traemos. Sólo podremos ver familias fuertes cuando veamos personas fuertes, de pie, que se trabajan, que cada día eligen caminar en la relación sin esperar que el otro cambie. Si la persona cambia y crece, la relación es más madura, la entrega es mayor, el vínculo se fortalece.

No necesito buscarme, porque me poseo; entonces puedo entregarme y también tomar al otro. La relación de pareja es de amor, se da con amor. Uno da con amor, el otro devuelve un poco más; el intercambio y la felicidad aumenta, el vínculo se profundiza.

Por Daniel López

Charly y la fábrica de chocolate


Somos la familia de Jesús


jueves, 2 de octubre de 2014

Palabras de María Inés Casalá

Se me hace muy difícil escribir esta nota. Diálogo ha sido un proyecto compartido por más de veinte años. Lo empezamos en Bariloche con Marcelo Murúa y desde hace unos años lo seguíamos Juan Carlos y yo. Con el apoyo de nuestros hijos que embalaban los periódicos y que veían que la mesa del comedor estaba repleta de libros dados en canje de publicidad y nos preguntaban si con eso podíamos irnos de vacaciones.

Fuimos creciendo y construyendo la familia en torno al texto del Evangelio de Mateo 6: «Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! No se inquieten entonces, diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción».

Siempre confiamos en que Dios iba a proveer lo necesario mientras nosotros trabajábamos para construir un mundo mejor. Diálogo fue parte de este sueño y, en cada página, mes a mes, año tras año, lo intentamos. El que conoció nuestra casa sabe que Diálogo estaba hecho entre los dos, con una computadora al lado de la otra y mates o gaseosas compartidas. Por eso, yo no voy a seguir al frente del periódico y le pedí y ofrecí a amigos si se querían hacer cargo. Sé lo que significa Diálogo para mucha gente que lo pide y lo sigue desde hace más de veinte años, pero me sería imposible o por lo menos muy difícil seguirlo sin Juan Carlos.

No hay, o por lo menos yo no encuentro muchas palabras para expresar lo que siento, pero me gustaría compartir con ustedes lo que escribí en el Facebook de Juan Carlos para todos los «amigos» que lo seguían y con los cuales se comunicaba día a día.

«Soy Inés, esposa y compañera de Juan Carlos de toda la vida. Él murió en nuestros brazos el 8 de septiembre. Crecimos juntos y caminamos de la mano durante casi 40 años. Hoy con nuestros hijos, amigos, alumnos, compañeros, lo despedimos con gran dolor.

Luchó mucho, se hizo de a poco, siempre apostando para adelante y confiando en que se puede construir un mundo mejor. Siempre con proyectos nuevos y dando una mano al que lo necesitara. Hoy lo veo en la foto que él eligió para esta página, haciendo magia y llevando luz, una luz que intentaba descubrir día a día.

Ya navega mar adentro con los amigos y familiares que partieron antes. Hoy en el cie-lo continúa la fiesta y habrá más magia, sonrisas, obras de teatros, recitales, charlas, abrazos y cuentos. Quizás esté haciendo algún reportaje o teniendo una de las charlas que iba a tener en la hora del juicio por la mañana. «En la tarde de la vida nos examinarán en el amor», creía, enseñaba y vivía. Estoy segura que está más que aprobado.

Te voy a extrañar mucho, pero seguiré caminando con nuestros hijos, nietos y amigos, buscando formas nuevas de construir el Reino. 

Agradezco a todos los que escribieron acerca de él. No puedo contestar uno por uno, pero yo fui testigo de lo que significaron para él, de la importancia que daba a responder a cada uno. Siento que sigue vivo en cada uno de nosotros que lo quiere y como él repetía en cada encuentro, siento que Dios nos sostiene en la palma de la mano y que cada uno de los que me abrazaron a mí o a mis hijos y familiares, son la mano visible de un Dios que nos ama. El mundo es mejor y diferente gracias al paso de Juan Carlos por él. 

Gracias a la vida que me ha dado tanto...»

inescasala@gmail.com

Palabras de Gerardo García Helder

“Piensen en los líderes que les anunciaron el mensaje de Dios,  pues ellos confiaron siempre en Dios. Piensen mucho en ellos y sigan su ejemplo.” (Heb 13,7)

Doy gracias a Dios por el don de la vida de Juan Carlos y por la gracia que tuve de haber colaborado con él en algunos de sus innumerables emprendimientos durante este último cuarto de siglo. Me considero un testigo privilegiado de su pasión por el Reino, de su admirable constancia, de su infinita paciencia, de su gran humildad, de su extrema austeridad, de su admirable (y envidiable) prolijidad, de muchos de sus sueños y de algunos pesares. 
De él he aprendido infinidad de cosas en todos estos años. En algunas etapas de este camino nos veíamos a diario varias horas para trabajar. El tiempo siempre resultaba escaso porque estaba poblado de nombres, de recuerdos, de anécdotas, de asociaciones graciosas y era salpicado a cada rato por nuevas ideas e inquietudes.

Quienes venimos haciendo Diálogo (algunos desde hace 21 años) –con vientos a favor o en contra– sabemos que Juan Carlos era mucho más que el responsable de coordinación, revisión y producción general. No va a ser fácil cubrir todos los espacios que él habitaba con su arte y con su magia.  El 13 de septiembre, aniversario de mi bautismo, me escribe María Inés Casalá un correo donde me ofrece me haga cargo de la dirección del periódico. A pesar de tener la costumbre de responder de inmediato los e-mailes que recibo, me demoré un día en contestar. A pesar de no tener problemas en el sueño, esa noche no pegué un ojo. Tengo tantas cosas entre manos… y los libros que quiero leer se siguen apilando en mi escritorio…

Pensando en el testimonio de Juanca y de María Inés –dos auténticos líderes cristianos, discípulos misioneros de Jesucristo– y en tantas personas que reciben Diálogo con ilusión, sobre todo los que viven en poblaciones alejadas de las urbes y sin acceso a otros medios de formación, acepto este servicio. «Nada pedir, nada rechazar» me recuerda san Francisco de Sales. Confío en que muchos de los que vienen haciendo posible la edición y el sostenimiento de Diálogo seguirán colaborando y espero que otras personas se sumen a este ministerio. Toda sugerencia, toda crítica constructiva, todo aporte sigue siendo bienvenido y valorado.
¡Adelante! Vamos andando, un día a la vez.

direccion@dialogo.com.ar

Palabras de Martín Gozdziewski

Juan Carlos Pisano: un maestro y guía constante

Fuiste fundamental en mi vida. Tenía doce años cuando vi una dirección en la Hojita de los Niños y me animé a escribirte una carta. Nunca voy a olvidar el día que me respondiste. ¡Qué alegría inmensa! Me contestaste la carta y luego me llamaste por teléfono a mi casa. Corrí al teléfono. El corazón me latía muy fuerte por la sorpresa y la emoción. En aquella carta te mandé unas fábulas que me gustaban y te pregunté ¿qué se estudia para ser escritor? Y ahí empezó todo. Un niño preguntó, alguien sabio contestó y un sueño comenzó a crecer.

La era del e-mail nos volvió a juntar. Estaba terminando la secundaria y te consulté sobre la carrera a seguir.  Me preguntaste si todavía seguía escribiendo y me pediste que escriba pensando en los jóvenes. Y esos cuentos se unieron sin pensar y se transformaron en un libro, gracias a vos: «Cuentos jóvenes para jóvenes». Y mi vida cambió para siempre: un chico del interior, de 21 años, ¡hacía su sueño realidad! 

Yo te llamaba por el apellido. ¿Qué dice Pisano sobre esto? ¿Qué haría Pisano si estuviera en mi lugar? Cada duda era un mail para vos, para saber tu opinión y tu visión de las cosas. ¡Esperaba ansioso las respuestas! ¡Y llegaban! Supiste descubrir en mí las ganas de escribir. Supiste ser mi guía constante. No hablabas de más, tus palabras siempre eran las justas y necesarias. Nunca me diste fórmulas, siempre acompañaste lo que naciera en mi corazón. Esos son los verdaderos guías, los que ayudan a descubrir y a volar, sin imponer ni exigir.

Me dejaste compartir muchas cosas con vos y aprendí muchísimo. Te vi actuar, hacer magia, dar conferencias, hacer radio, hacer la hojita, contar cuentos en colegios, te vi recitar acompañado de música…  Me enseñaste que no se puede remar en contra de uno mismo. Tus últimas palabras hacia mí, serán un sello para el resto de mi vida: «no hay justificación posible para que un artista se venda a algo que lo aleje de su destino»

La partida de un guía es dura. Pero todo lo que me enseñaste nunca se borrará. Es una semilla que seguirá creciendo. Lo prometo. Sin duda, desde ahora y para siempre, me guiarás desde una estrella. Agradezco infinitamente a Dios por haberte puesto en mi camino.
Juan Carlos Pisano: escritor, comunicador, catequista, actor, mago ilusionista... ¡Buena persona! Una vida comprometida con una misión: comunicar valores. ¡GRACIAS POR TODO! Que brille para vos la luz que no tiene fin.

martingoz@hotmail.com

Palabras de Santiago Bonomini, ssp

Lo conocí en 1975, a raíz de un curso sobre audiovisualismo y evangelización que dictaban en el ISCE (del La Salle), J. Maubecín, R. Lío y S. Benetti. Lo acompañaba Inés, por entonces su novia.

En 1976, con su colaboración y la de otros paulinos, comenzamos el Centro Paulino de Audiovisuales en el cual tuvo un papel muy importante dando cursos, encuentros, y asesoramiento, siendo parte del grupito de profesores del mismo.

En 1977 participé con otros sacerdotes en su matrimonio, fecundando con la gracia del sacramento dos vidas que fructificaron con iniciativas apostólicas a granel. Me alegró el que me haya elegido para bautizar a dos de sus hijos, Paula y Luis.

Su vida fue plena en aportes, animación, creatividad…

En su despedida pude decir pocas palabras porque la garganta se me anudaba.
Su polifacética personalidad daba para todo: catequesis, animación, cantos, juegos, formación, magia… En todo ponía el alma.

Con todo se sentía que vibraba profundamente. Sus gestos trasparentaban un Jesús amado, asumido, compañero. Como la catequesis es vivencia y docencia, diría que era un docente nato.

Por todo ello, gracias, Juan Carlos.

Marcaste un camino. La patria grande de Latinoamérica conoce de tus libros, de tus aportes, de tu enseñanza.

Desde el cielo velá por Inés, por tus hijos, por tus nietos y por quienes te siguieron porque ibas detrás de Jesús.

Palabras de Luis M. Benavides

«Quisiera hacer de mi vida una flauta de caña: derecha, sencilla y llena de música»  Rabindranath Tagore.  

Y así era la vida de nuestro querido Caco. No sólo llena de música... llena de Inés, llena de su familia, llena de amigos.  Llena de cursos y encuentros catequísticos, llena de ideas y realizaciones creativas, llena de escritos y textos, llena de ocurrencias y sentido del humor, llena de autonomía y espíritu crítico, llena de disponibilidad y entusiasmo, llena de cuentos y dinámicas de grupo; llena de teatro y de magia... 

Llena, es decir, plena de amor por la vida, de amor por su familia, por la educación y la catequesis, plena de amor por Jesús... 

Juanca: ¡gracias por llenar nuestras vidas con tu música! 
¡Nos vemos del otro lado...!  Con cariño de hermano y amigo.

Palabras de Alfredo A. Resi

El Seminario de Catequesis San Francisco Solano y Juan Carlos Pisano

Me toca, como amigo y colaborador, hacer memoria de Juan Carlos Pisano. Aunque memoria nos remite a la idea de su ausencia, analizando todo cuanto hizo, creó, ideó y generó asumimos plenamente que Juan Carlos no se ha ido, está y seguirá estando en cada una de esas cosas.  El Seminario Catequístico «San Francisco Solano» en Caseros, provincia de Bs. As., es una de esas obras.

Permítanme aprovechar este espacio para contar mi experiencia personal, yo diría la gracia especial que tuve de haber conocido a Juan Carlos. Mi primer contacto con él fue en un Taller de Dinámica y Comunicación, una de sus grandes cualidades, que se dictaba en el auditorio que tenía la Editorial y Librería «Bonum» en la calle Maipú. Desde ese momento no sé por qué ni recuerdo como, me encontré charlando y colaborando en su departamento de la calle Calasanz. Allí vi nacer al periódico «Diálogo».

Recuerdo el tiempo y esmero que pusimos en diseñar su logo, con esa curva tan particular que lo caracteriza. Desde allí todos los miércoles por la mañana iba a su casa para ayudarlo y, charlando, fui aprendiendo de él todo cuanto generosamente entregaba. Luego esta práctica continuó en su departamento de Quintino Bocayuba. Llegar allí era encontrarse con una persona incansable en ideas, propuestas, proyectos y siempre con esa sonrisa y alegría que contagiaba. Allí vi crecer a sus hijos y allí un día sorpresivamente me propone acompañarlo en un nuevo proyecto encomendado por Mons. Héctor L. Villalba, Obispo que había asumido recientemente la diócesis de San Martín: fundar un nuevo Seminario de Catequesis para brindar una nueva opción en la formación de catequistas. Nadie mejor que él que amaba la catequesis para llevar este proyecto adelante.

Y así nació y creció el Seminario con la impronta de Juan Carlos. Pruebas y testimonios a la vista de este camino vivido en libertad, alegría y fraternidad son los que pasaron por allí y quedaron marcados para siempre. No hay nadie que no tenga palabras de agradecimiento por lo que recibieron del Seminario «San Francisco Solano» donde Juan Carlos supo imprimir su sello eligiendo a cada uno de los docentes y amalgamando un camino de crecimiento y formación integral no solo en vista de la pastoral eclesial, sino para la vida misma.

No es esto, insisto, una reseña de la labor de Juan Carlos, pues no alcanzaría ni el tiempo ni el espacio para detallar paso a paso todo lo que dio en sus múltiples facetas; otros podrán hacerlo mejor que yo. Solo me resta dar gracias por haber trabajado, colaborado y aprendido a su lado. Me cuesta decir con palabras lo mucho que le debo, fundamentalmente por su sincera amistad. Gracias, Juan Carlos, por haber pasado por nuestras vidas.

Palabras de +Adolfo A. Uriona fdp - Obispo de Añatuya

El 8 de septiembre recibí con congoja la triste noticia del fallecimiento de este gran laico, bien comprometido con su fe, que era Juan Carlos Pisano.

Si bien lo había sentido nombrar mucho por su extensa labor catequística, comencé a tratarlo más de cerca cuando se sumó a la Fundación Gottau para colaborar en las distintas actividades de la misma, llegando a formar parte del Consejo de administración.

Cuando le pedimos que realizara una semblanza del que fuera el primer obispo de Añatuya, Mons. Jorge Gottau, asumió con gran entusiasmo el proyecto haciéndolo con empeño, cariño e idoneidad. Supo captar con acierto el carisma de este gran hombre a quien llamó el «obispo de la promoción humana». Además, cuando iniciamos su causa de beatificación, elaboró la oración que rezamos constantemente a fin de que la Iglesia lo eleve a los altares.

Siempre estaba disponible para el servicio. Lo caracterizaba un espíritu jovial, una notable creatividad para la transmisión de los contenidos de la fe y un infatigable trabajo a pesar de la enfermedad que lo aquejaba.

Últimamente comprobábamos con preocupación que iban declinando sus fuerzas, sin embargo no perdía el temple, el humor, la jovialidad y su deseo de seguir trabajando por los demás, particularmente en aquello que lo apasionaba: la catequesis.

Estoy convencido que la Virgen Santísima lo ha tomado de la mano y lo ha llevado a su Hijo Jesús, haciéndolo gozar del eterno descanso, concediéndole, por su infinita misericordia, el merecido premio de los justos.

Palabras de René Juan Trossero

Querido amigo Juan Carlos: te despido con pena por tu partida, con gratitud por el ejemplo que nos diste viviendo el amor de creyente cristiano y lo aconsejaste como catequista, como escritor, en tus conferencias y que mostraste con tu vida.Yo seguiré recordándote con amor y con la esperanza del reencuentro. 

Palabras de Gustavo Adolfo Escobar

Subir unas empinadas escaleras hace ya muchos, muchos años para encontrarnos fue, visto desde hoy, la posibilidad de descubrir no solamente una persona diferente, sino un entorno diferente.

Surgen palabras que toman sentido en el recuerdo cuando la informalidad daba lugar a la creatividad, rebeldía era sinónimo de coherencia con un mensaje, y ese encuentro ayudaba a descubrir un hogar que abría sus puertas a quienes allí llegaban. Obviamente el motivo era un proyecto excusa valedera para comenzar a descubrir una persona llena de capacidades.
Y las palabras que en las diferentes charlas se pronunciaban denotaban un ser con una sensibilidad y una escucha diferente y amena.

En estos días que comenzamos a transitar otro encuentro diferente, de despedida, de dolor sereno, de entender que lo que dijimos siempre de resurrección, de vida plena no es una mera idea sino una realidad que compartimos junto a María Inés, a sus hijos, a sus nietos y a tantos amigos que cantamos, rezamos y pudimos decir juntos gracias a esta vida que nos tocó compartir.

Subir una empinada escalera de tu casa-oficina-hogar de aquel primer encuentro a atravesar la puerta de tu actual hogar ha sido siempre una oportunidad de redescubrir cada vez la magia del encuentro que vos, Juan Carlos, generabas en los que pudimos compartir retazos de vida.

Palabras de Luis Casalá, sm

Mi relación con Juan Carlos tiene una larga historia. Nos conocimos en los 70. Yo era un joven religioso que me iniciaba en la tarea educativa, nunca lo tuve en clase; pero con él y con muchos jóvenes de su promoción comenzamos a organizar los Grupos Juveniles, que se articulaban en el “Movimiento Juvenil Apostólico” que tanta vida tuvo en su momento. A partir de allí se multiplicaron las jornadas juveniles, los servicios en las villas, las misiones de verano, las obras de teatro. Una profunda e intensa vida juvenil y apostólica que quedaría trunca con la llegada de la dictadura militar.

Juan Carlos tenía algo diferente. Por una parte se iba desarrollando en él la vocación de catequista. Y con él y un grupito de compañeros exalumnos nos animamos a intentar un cambio profundo en la catequesis del secundario del Colegio Marianista de Buenos Aires. Llegamos a trabajar hasta cuatro o cinco catequistas con un curso. Intentando crear pequeñas comunidades con los alumnos, dando una catequesis muy personalizada y comprometida con la vida.

Pero además en él se iba desarrollando una vocación que sería la que –según mi opinión– prevalecería a lo largo de su vida. Todos los que lo conocimos podemos afirmar que era una persona multifacética, creativa y siempre lista a lanzarse a nuevos desafíos. Pero lo que quiero destacar, fundamentalmente, es su talento y capacidad como COMUNICADOR.
La partida de Juan Carlos constituye un muy fuerte golpe para toda mi familia. Era el esposo de mi hermana Inés, padre de seis de mis sobrinos. Y todos hemos sido testigos de cómo Inés lo acompañó en su esfuerzo frente al deterioro de su salud. Pero es tremenda la pérdida que nuestra Iglesia sufre por no contar ya con este inmenso COMUNICADOR.

Juan Carlos, muchas veces en compañía de Inés, ha animado jornadas, encuentros, convivencias, acampadas, etc., a lo largo y a lo ancho del país. Con sus cuentos, con su simpatía, sus actuaciones, y últimamente con su magia, fue sembrando valores evangélicos.
A través de estas líneas quiero expresar en nombre de toda la Iglesia el agradecimiento y admiración por todo lo que nos regaló con su entrega incondicional al anuncio del Evangelio, por medios no convencionales.

¡Gracias Juan Carlos, podés descansar en PAZ, intentaremos seguir cultivando las semillas que vos sembraste en tantos lugares!

Palabras de Eduardo Suriani (compañero del colegio)

Mi amigo Kako

Cuando te conocí, allá por el ’64 me llamó la atención verte siempre alineado, peinado a la gomina, siempre sonriente pero con moderación, voz segura y potente, muy inteligente y algo canchero. Nos fuimos conociendo y empezamos a compartir actividades fuera del colegio, descubrí tu ser hondamente cariñoso y afectivo.

En la primera visita a tu casa me sorprendiste con tus  dotes de mago. Con los años, crecía la amistad en el grupo y fuimos ganando la confianza de nuestros padres para comenzar a salir de casa. Así, aparecieron los campamentos, las idas al cine, al teatro, los partidos de futbol y los famosos «asaltos». En séptimo grado en el colegio, prestamos juntos  el primer servicio hacia afuera. Limpiamos varios miles de estampillas de correo para llevarlas luego a la sede de Obras Misionales Pontificias, para recaudar fondos para las misiones en África. Cajas y cajas llenas de estampillas que  apilábamos prolijamente. ¡Qué laburo!

Parecía que no íbamos a terminar nunca. Quizás esa fue la chispa que, años más tarde, nos llevó a asumir compromisos a la luz del Evangelio. En segundo año del secundario escribiste la primera obra de teatro, Las Guerras, que leímos entre varios compañeros una tarde en clase. Tiempo después presentaste “Un minuto y medio”, que representamos en el colegio con la participación de algunas chicas del Lenguas, para recaudar fondos para ir a misionar. El secundario lo recuerdo como la época más linda que hemos vivido como amigos.

Estábamos todo el día creando e inventando cosas distintas y divertidas. Poesías, músicas, obras de tea-tro, fotonovelas, etc. Éramos un grupo al que denominábamos «Perfecto», que se cristalizó a partir de las jornadas que nos dio el padre Julio Santamaría. Crecíamos en amistad, tratando de vivir en comunidad el Evangelio, abriéndonos a otros colegios de la zona.

Durante los meses de clases dábamos apoyo escolar a los chicos de  Villa Siete, Mataderos; en las vacaciones participábamos un mes de misión en el interior. En ese entonces nos sumamos al Movimiento Juvenil Apostólico integrado por jóvenes del barrio que coincidíamos en la inquietud de cambiar las estructuras injustas de la sociedad en la que vivíamos. Por supuesto tomaste la responsabilidad de hacer prensa. Finalizamos el secundario con la idea de seguir creciendo como amigos aunque ya no viéndonos todos los días, como antes. Cada uno en su carrera, generando espacios para encontrarnos y compartir lo que cada uno estaba viviendo. Comenzaste a estudiar periodismo en el Círculo de la Prensa, y a trabajar como bibliotecario y catequista en el colegio Marianista.

Seguiste escribiendo obras de teatro que representábamos en distintos lugares. Recuerdo Génesis y desarrollo de la opresión, que reflejaba la problemática de un pueblo con el dueño del agua, que vivimos en una misión en Guandacol, La Rioja. Tánatos, con la cual perfeccionaste la técnica, con personajes mejor definidos y concretos, que interpretaban las conductas humanas en situaciones límite. Tu notoriedad no impidió que siguieras siendo el Kaco, con el que crecimos desde la infancia. Muchas veces controvertido, procurando siempre la coherencia de la vida con el Evangelio, y siendo fiel a tus principios y escala de valores. Gracias Kaco por tu vida.

Palabras de Cecilia Sandes

Escribo esto con mucha tristeza, siento la pérdida de un gran amigo.
Mi primer encuentro con él fue a través de sus libros. Fui y soy, ávida lectora de este material y con sus libros para la catequesis, que yo utilicé y utilizo muchísimo, comenzamos este camino.
Primero fui suscriptora de Diálogo y comenté por correo electrónico varios artículos: pero a partir de uno en especial, Juan Carlos me ofreció un espacio en Diálogo. No nos conocíamos personalmente, pero este generoso y espontáneo ofrecimiento, fue muy importante para mí y un verdadero compromiso. Le envié un primer artículo y luego siguieron los otros, tratando de atender su indicación de comentar películas en donde se mostraran valores.

Las palabras son muy pobres para describir los sentimientos, pero para él, hay dos frases que en este momento me indican lo que él fue y es. Las comparto con ustedes. «Cree lo que lees; enseña lo que crees y practica lo que enseñas». La segunda es del Papa Francisco «No caigamos en el pesimismo y el desánimo: tengamos la firme convicción de que, con su aliento poderoso, el Espíritu Santo da el valor de perseverar y también de buscar nuevos métodos de evangelización, para llevar el Evangelio hasta los extremos confines de la tierra». No le digo adiós, simplemente, hasta pronto.

Palabras de Silvia y Jorge Castello

Gracias Juan Carlos, por habernos acompañado desde el año 1995, en el inicio de nuestra tarea pastoral. Gracias por tus sabias y oportunas sugerencias para crecer como agentes pastorales, y sobre todo como personas.

Te agradecemos ayer, hoy y siempre, por tu aceptación y comprensión, sobre la problemática de los separados en nueva unión. Siempre te recordaremos como el hermano, que nos estimuló a poner por escrito, nuestros sentimientos y experiencias, lo que nos ha dado un reconocimiento en nuestro país y en el exterior.

Sabemos que siempre estarás acompañando a Camino a Nazareth, y estimulando su crecimiento. Te extrañamos.

Palabras de Onofre Pighin

“Cuán dichosos son aquellos / que mueren en el  Señor,
pues el premio a sus trabajos / en el cielo les da Dios” 

Así cantamos con fe al despedir a algún familiar, pariente o amigo. Los Oblatos Diocesanos nos consideramos tus amigos y nunca olvidaremos tus pasos participando las vidas entre nosotros. Tus dones, bendiciones de Dios Padre y respuesta tuya, son la riqueza de la amistad. Has vivido la riqueza desde la escucha, el don de la perseverancia, el don de la creatividad, el don de romper esquemas en bien de la evangelización y la catequesis, el don del servicio desinteresado a la Iglesia.

Siempre fuiste fiel a las personas por amor a nuestro Dios-Vida. Tus iluminaciones en los escritos, charlas, encuentros fueron siempre muy sencillas para un pueblo sencillo; para los catequistas que cada día deben vivir y enseñar a bien vivir la vida cotidiana participada en la comunidad. La ausencia humana contigo es real, pero la presencia de tu vida permanecerá entre nosotros mientras sepamos seguir el ejemplo que nos has dejado. 
Gracias a Dios por tu rica y generosa vida y por haberla compartido.

“Por eso adiós no decimos / sino hasta pronto nomás
y por los que aquí vivimos / tú en el cielo rogarás”.  

Mensaje de Las Melli


Palabras de Horacio Prado y Ricardo Stirparo

Queridos lectores de Diálogo:

Hoy, como verán, es una tirada muy especial.
Todavía no terminamos de salir del asombro de la noticia que nos dio Alfredo, su amigo y compañero: Juan Carlos había fallecido.

Inmediatamente pasaron por nuestras cabezas los distintos encuentros con él: en el sanatorio donde estuvo internado en julio, el almuerzo con nuestras esposas en su casa de Moreno, las distintas cenas en nuestra casa o en su casa de Quintino Bocayuva, el casamiento de María y Riqui, cumpleaños y aniversarios, sus obras de teatro, las jornadas de agentes pastorales, las conversaciones sobre la evangelización, el país, los hijos, los nietos, la magia, los libros… un sinnúmero de espacios y vivencias compartidas.

Siempre con tanto entusiasmo, con tanto para hacer, tanto para dar, acompañado fielmente por María Inés en cada emprendimiento, en cada sueño, en cada ilusión.
Inagotable en creatividad, en la búsqueda de acercar el mensaje de la Palabra de Dios en diversas formas culturales, de formar y fortalecer a los agentes de pastoral, saliendo al encuentro de las necesidades en el interior del país y fuera de él.
¡Es tanto lo que tenemos que agradecerle a Juan Carlos!

Nosotros, por su generosidad constante al compartirnos su amistad, su familia, sus sueños.  Por dejarnos participar de este proyecto tan esforzado de Diálogo.  Por abrirnos las puertas de la Editorial San Pablo poniendo su cara y su nombre por nosotros.
Juan Carlos encendía luces y corazones por donde pasaba, entusiasmaba con su propio entusiasmo. Como legado nos dejó el seguir sembrando esperanza, animándonos a gastar nuestra vida en el servicio a nuestros hermanos. Esperemos poder estar a la altura.

Terminamos con estas líneas para vos, querido Juan Carlos:

Corazón grande y generoso, corazón curioso e inquieto, ¿cómo agradecerte tanta vida que corría en vos y que compartías sin calcular, sin medir, sin especular? Nos sentimos entre doloridos y shockeados, pero mucho más nos sentimos afortunados por haber sido parte de tu camino, de tu historia, de tus sueños.

Corazón ilusionista que ilusiona, siempre abierto para nosotros. ¡Qué gusto era encon-trarnos con vos y con Inés! Siempre cercano, siempre amigo, cada encuentro era una celebración. Porque claramente nos enseñaste que la vida es para celebrarla.
Por eso, a pesar del dolor, queremos celebrar con vos Juan Carlos, tu vida: tan intensa, tan profunda, tan espontánea, tan contagiosa...

Corazón llano, entregado, de puertas abiertas. Gracias  por invitarnos a entrar. Ahí nos quedamos, en tu corazón.
Seguimos caminando en la honra y la gratitud de ser tus amigos. Empujados por vos a llevar de mil maneras la Palabra a los jóvenes. Seguimos con vos, compartiendo el camino, en la comunión que nos da el Señor.

De corazón a corazón: ¡Gracias Juanca! Nos volveremos a encontrar para seguir celebrando la vida que Dios nos dio y ojalá con un asado tuyo de por medio.
¡Abrazo grande!

bibliayjovenes@hotmail.com

Palabras de Junta Catequística Aquidiocesana de Bs. As.

Juan Carlos Pisano un gran catequista, escritor, comunicador social e ilusionista. 

Juan Carlos era una buena persona, generoso, siempre dispuesto a dar una mano, aportando ideas... era una usina de ideas... Apasionado por la catequesis y la evangelización... se notaba que ardía su corazón por amor al Señor. 
Muy cercano, le gustaba compartir sus vivencias familiares, muchas veces lo hacía en Diálogo, o en sus presentaciones. Junto a Inés, su gran amor y compañera de camino, formó una hermosa y numerosa familia, comprometidos en el testimonio y la entrega.

Se ha ido un artesano del anuncio 
Que brille para él la Luz que no tiene fin!!

A lo largo de su carrera, se especializó en temas religiosos y de comunicación educativa.  
Actualmente se desempeñaba como director de la Revista de la Fundación Gottau y El Mensajero de Itatí, redactor del periódico semanal «El Domingo» (Editorial San Pa-blo) y co-director y creativo del periódico semanal «La Hojita de los niños» de la misma editorial. Coordinador de contenidos y redactor del periódico mensual "Diálogo". 
Profesor de Metodología y dinámica Grupal en el Seminario María Auxiliadora de Bs. As. 
Fue uno de los cuatro fundadores del Centro de Comunicación La Crujía. Desarrolló sus actividades en agencias de noticias, periódicos, revistas, emisoras de radio AM, FM y TV.  
Fue profesor y secretario académico en la Escuela Superior del Círculo de la Prensa.  
Desempeñaba la vicepresidencia de la Red de Magos Solidarios.  
Animador, conferencista y coordinador de encuentros, seminarios y retiros en diversos países de Latinoamérica.  
Desde 2006 co-organizaba proyectos comunicacionales con el Círculo de Comunicadores de Schoenstatt de la Argentina.  
Participó como disertante en numerosos Congresos, Simposios y Semanas de Estudio. 
Dictó cursos, charlas y conferencias en parroquias, colegios, facultades e instituciones educativas de la Argentina y Uruguay.
Autor de libros de interés general, especializados en comunicación y espiritualidad (Y por casa, ¿cómo andamos?; Comunicarse más y mejor; Colección Bienaventuranzas; Colección Padre nuestro; Cuentos rápidos para leer despacio; Cuentos rápidos para trabajar con valores y muchos otros títulos).
Junto con Carlos Seoane realizó recitales de evangelización.
Ha publicado discos compactos y casetes con reflexiones, cuentos y poemas y fue pionero de las nuevas formas de evangelización y educación con el arte (obras de teatro, cuentos con efectos de ilusionismo, títeres, juegos, etc.).
Como ilusionista, presentó diversos espectáculos tales como Cuentos con asombro, Cuentos con humor y magia. Fue autor de obras teatrales (La herencia, En el país de los ciegos, El arcón de Abril, Mi primera vez, Thánatos, Rejas, y una docena de títulos más) y de textos de catequesis para la Educación General Básica, el Polimodal y la catequesis parroquial (Editorial Bonum, San Pablo y EDB).
Fue premiado en numerosas ocasiones por trabajos de su autoría y por su trayectoria: Testimonio Unión Nacional 2008, Feria Internacional del Libro de Bs. As.; Signis Argentina; Galardón Cruz del Sur Exposición del Libro Católico y otros.

En memoria agradecida a un gran catequista
y colaborador de la evangelización. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Staff del Periódico Diálogo

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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Día del Maestro

Septiembre es el mes de la Biblia, el mes de la primavera y el mes del maestro. Me gustaría unir estas tres cosas a partir de una situación que nos ha conmovido mucho como sociedad, que fue el abrazo de Estela e Ignacio Guido. Lo escribo así, sin apellidos, porque Estela, una vez que sale de la intimidad de su casa es de todos y especialmente de los niños, ahora adultos que todavía no han recuperado su identidad. 
Cuando escuché por la radio que había aparecido Ignacio Guido, me puse a llorar. Cada vez que aparecía un nieto, pensaba en Estela y en qué quizás nunca iba a saber adónde estaba su nieto. Por eso lloré, porque pensé que todo tiene un tiempo bajo el sol, y que todo llega. Que la esperanza es lo último que se debe perder. Que la justicia llega sin necesidad de violencia ni de gritos. 
Estela es el símbolo de la fuerza que tiene la verdad, de la fuerza del amor. Ella convirtió una tragedia en vida para ella y para otros a los que no conocía y nada les debía. 
Pienso en las veces en que uno se cae por algo mucho más pequeño, por una pelea en el trabajo, una fea mirada, una palabra que consideramos ofensiva y nos quedamos enrollados en esa situación. ¿Cómo convertir en vida esa dificultad? Aunque sea algo mucho más grave, Estela nos muestra que es posible. Ella era una mujer como muchas otras mujeres, nada extraordinario pero, enfrentada a situaciones límites, eligió la vida, con toda la exigencia, con lo lindo y lo feo, lo alegre y lo triste. 
En la conferencia de prensa dio gracias a Dios y dijo que era creyente, pero no era necesario que lo dijera. Sus valores, a la hora de buscar la verdad y la justicia y no la venganza, son claramente los de Jesús. No es necesario nombrarlo. 
Hace poco, en misa escuchamos la lectura de la mujer que le pide a Jesús que cure a su hija que estaba enferma. Los apóstoles le dicen a Jesús que la escuchara porque gritaba mucho y era muy molesto, pero Jesús les contesta que él había sido enviado sólo para las ovejas perdidas del pueblo de Israel. 
Sin embargo, la mujer se tira a sus pies y le impide seguir caminando. Jesús, ante tanta fe, produce el milagro, y la hija queda curada. Me impresiona esa imagen de la mujer gritando y tirándose al suelo para ser escuchada, para salvar a su hija. Hace unos días escuché en una sala de espera de un consultorio a una mamá que le decía a su bebé de cuatro meses, al cual había sentado solo en una silla y que lloraba, que se callara porque nadie lo iba a defender. Después que se lo repitió un par de veces, no aguanté y le dije que me parecía que estaba equivocada, que la mamá siempre debería defenderlo. Defender a los más débiles, a los que amamos, hasta dar la vida por ellos, es bíblico.
Esta relación abuela-nieto, que estuvo oculta por 36 años, en un invierno forzado, hoy comienza a dar fruto. Construir esta relación es una tarea lenta, como siempre dicen las Abuelas de Plaza de Mayo. Así es la vida, parece que no hay nada, parece que la muerte ha dominado a la naturaleza, pero con los primeros calores, la vida asoma con toda su fuerza y da fruto. Como el trabajo incansable de las Abuelas va dando fruto.
Por último, creo que las abuelas son grandes maestras de la vida por la forma en que decidieron buscar a sus nietos, a los cuáles les habían robado lo más preciado que tenemos que es la identidad, la familia, la vida. Aquello que Dios había pensado para ellos. 
En el mes de septiembre, agradezco a las Abuelas que hacen renacer la vida con amor, abrazos y búsqueda.

Primavera: reverdecer del corazón

Llega una nueva primavera y a mí se me sale el corazón de felicidad. Llega otra vez el reverdecer de la vida y, si dejamos de estar distraídos en cualquier cosa, la magia de la existencia aparece ante nuestros ojos para maravillarnos, una vez más.
Aprecio cada año este milagro de los brotes, esta sangre verde de los árboles y las plantas que nos regalarán sus flores y pintarán nuestros días multicolores.
Cada estación es necesaria al alma y debemos tratar de acompañar esos movimientos de la madre naturaleza; pasó el verano, el compartir, el calor, el libre expresar, el encuentro con los demás. Pasó el otoño y dejé caer mis pensamientos como hojas y me quedé desnudo ante el tiempo esperando al invierno, con la oportunidad de mirarme hacia adentro. Experimenté la quietud, la calma, y traté de sanar con el frío, los fríos del alma. 
Ninguna estación llega de la noche a la mañana. Todo acontece de a poco, lentamente… la luz de la vida se enciende, brilla y maravilla.
Amo la primavera porque es eso, el final de un recorrido y el inicio de otro ciclo.
Primavera es recuperar lo mejor, mostrar lo mejor de nosotros y compartirlo con los demás. Es explosión de vida plena, es florecer para los demás, es ser verde de nuevo, es ser esperanza que se renueva bajo el sol y el cielo infinito. 
Imaginemos que todos somos árboles y… ¡ha llegado el momento! ¡Es primavera!. ¡Llegó la hora de renacer! 
Porque a pesar de todo lo malo, aquí estamos, porque aún queda esperanza, porque aún hay sangre en nuestras venas y porque estamos vivos, para dar pelea.

Volver a Nacer

Mariano se creía el más vivo de la escuela y del barrio. Cuando él decía algo, le obedecían, y nadie se atrevía a contradecirlo, al menos delante suyo. 
Sin embargo, eran muchos los que no estaban de acuerdo con lo que él hacía y decía. La mayoría le tenía miedo y se apartaban de él cuando pasaba pero, si les pedía algo se lo daban. 
Alguna vez había entregado la tarea de un compañero como si hubiera sido suya dejando que al pobre le pusieran una mala nota por incumplimiento. 
Otras veces, obligaba a alguien para que  le hiciera los ejercicios de matemática. 
Si había que llevar algún material para trabajar en el aula, Mariano se apropiaba de lo que llevaban los demás. Lo hacía todo de tal forma que los maestros sospechaban que algo pasaba, pero no tenían forma de probarlo porque nadie se animaba a enfrentarlo y ni siquiera a denunciar las barbaridades que cometía.
Cierta vez, a la salida de la escuela, Mariano se puso a correr a un chico de otro grado que, según él lo había mirado mal; al cruzar la calle, lo atropelló un camión. 
Se hizo un gran silencio, los maestros salieron corriendo y lo atendieron hasta que llegó la ambulancia. Lo llevaron al hospital y quedó internado varios meses. Sólo podía mover los brazos. Tenía un cuello ortopédico que le inmovilizaba la cabeza y yeso en las dos piernas. 
Desde la cama, con su teléfono celular, daba órdenes a sus compañeros. 
Sin embargo, nadie le contestaba, y ninguno fue a visitarlo al hospital en los tres meses que estuvo internado. Tampoco llamaron a su casa para interesarse por su recuperación. Mariano no podía entender cómo había pasado de ser el más popular a ser el más olvidado. 
En un primer momento, sintió bronca, pero, al pasar el tiempo, tuvo que admitir que él se lo había buscado. 
Mariano le pidió a sus padres que lo cambiaran de escuela. No les dio muchas explicaciones, pero, como había sufrido tanto, aceptaron su pedido. 
El año siguiente lo comenzó en otro colegio. A los pocos meses, la maestra los citó para conversar acerca de Mariano,  ya que siempre llamaba a los padres de los chicos nuevos para darles un informe. 
Los padres volvieron a su casa asombrados. Por primera vez, una maestra los había felicitado por Mariano. 
–Decidí volver a nacer. Volver a empezar –les explicó su hijo­–. En la otra escuela, donde ya me conocían los maestros, las maestras y mis compañeros y compañeras, hubiera sido muy difícil. Pero en ésta, que está más alejada del barrio, nadie sabe cómo era mi conducta anterior. No me resulta nada fácil, y muchísimas veces me quedan ganas de mandar, pero me gusta más esta nueva vida en la cual tengo amigos de verdad.

Para pensar y conversar acerca del cuento
Las posibles formas de solucionar los problemas que se nos presentan son de lo más diversas. Una forma de solucionar aquello que de otra forma sería imposible o muy difícil, es irse, retirarse. Otras veces, irse es evadirse o escaparse. 
No existe una receta para poder afrontar una dificultad. Los docentes siempre estamos defendiendo al más débil, y esto está muy bien. También deberíamos pensar qué hacemos para que los que se aprovechan de los demás cambien sin necesidad que los pise un camión como a Mariano. 
Este simple relato puede ayudarnos a pensar las situaciones de violencia que se presentan en la escuela, en la parroquia o en el barrio desde todas las perspectivas posibles y atendiendo a todos los que están involucrados.

• ¿Por qué Mariano dice que tiene una nueva vida?
• ¿Qué necesitó para poder cambiar?
• ¿Qué sentimientos tenía antes y después?
• ¿Este relato puede ser real, o es sólo un cuento?

de Juan Carlos Pisano y María Inés Casalá, 
publicado en La Hojita de los niños, San Pablo